miércoles, 7 de noviembre de 2012

CRONICA POR:NUBIA GARCIA SANCHEZ


SOÑAR PARA LUCHAR O LUCHAR PARA SOÑAR

A principios de los años 80 Anamaría  Puentes, tuvo que salir que su natal  Tolima, empujada casi a golpes por la violencia que invadía cada uno de los espacios  en donde  trato de vivir hasta los 15 años de edad.
Con un pequeño morral como equipaje, mismo que hasta días atrás utilizaba para llevar dos cuadernos viejos y un trozo de lápiz al colegio del pueblo en donde tenía la firme convicción de  aprender todo aquello que le permitiera por fin dar un vuelco total a su vida y a  la de sus padres, salió una tarde calurosa  pero fría a la vez, era un frío de soledad, de miedo, de nostalgia e incertidumbre por no saber lo que le esperaba, peor aún por no saber donde ni quien la esperaba.
La decisión de dejar a su familia no nació solo  de ella sino también así de sus padres quienes ante la impotencia de librarla de las garras de violencia prefirieron darle alas y enseñarla a volar, querían que su vuelo fuera tan alto que la llevara a cumplir sus sueños infantiles y sus aspiraciones de mujer.
A su llegada a la Capital Anamaría tuvo que enfrentarse al mundo pero ahora con otro tipo de violencia, la discriminación y el abuso, violencia que por ser más común, no deja de ser violencia, la que vivimos cada día, algunos al interior de sus propios hogares, otros en sus colegios o sus lugares de trabajo, en fin empezó una nueva batalla, pero esta vez sin más armas que su propio deseo de surgir, con la ayuda de unos vecinos de su pueblo quienes habían emprendido meses atrás la misma huida suya, Anamaría llegó a vivir con ellos en una pequeña habitación donde compartir un pequeño espacio de colchón con dos de los cuatro hijos de la pareja, esa era la más grande y la única ayuda que podía recibir ya que ellos tenían su propia lucha.
Empezó trabajando en una plaza de mercado en donde era explotada con  arduas  jornadas laborales a cambio de un plato de comida y unas pocas monedas. Guiada por su espíritu luchador y guerrero decidió casi de inmediato buscar opciones que le permitieran continuar sus estudios, para de esta manera no darse la posibilidad alguna de dejar de soñar,  fue entonces cuando se inscribió en la escuela nocturna, un lugar  en donde encontró no solo conocimiento, sino también grandes amigos, su carácter fuerte pero dulce a la vez le permitió la posibilidad de darse a conocer con sus maestros quienes al conocerla un poco más a fondo encontraron en ella un gran potencial digno de ser “explotado”, para su beneficio personal. 
Con mucha más seguridad en sí misma Anamaría decide entonces aceptar la oferta de la directora de la Institución Educativa: trabajar con ellos aseando el colegio durante el día y continuar sus estudios durante la noche. Esta la oportunidad perfecta para estar más cerca de cumplir sus sueños.
 Para este entonces Anamaría ya era una mujer que había cumplido su mayoría de edad y estaba a pocos pasos de terminar sus estudios secundarios, así, y con la influencia positiva de su entorno, empezó a acariciar la posibilidad de capacitarse para llegar a ser una gran profesional. 
Entre el trabajo y sus estudios la vida diaria de Anamaría  era muy pesada, trabaja fuerte durante el día, y la noche no era diferente ya que sus metas eran tan claras que siempre se destacaba por sus buenos resultados, con la ayuda de sus profesores se postulo para iniciar sus estudios profesionales, subsidiados por el gobierno,  de esta forma obtuvo el cupo en la Universidad Nacional de Colombia, en donde estudio Medicina, en la actualidad es una destacada profesional en su área y  con la ayuda de una importante ONG, creó una fundación de ayuda para personas en condición de desplazamiento, mediante la cual ofrece la oportunidad a personas que como ella en algún momento necesito una mano que la ayudara a cumplir sus sueños.
 La  esencia de Anamaría no ha cambiado para nada,  a pesar de los grandes logros obtenidos, continua siendo la misma niña soñadora, y las alas que sus padres tejieron para ella, son cada vez más fuertes y ágiles  funcionan a la perfección, justo a la medida que ella ha necesitado.



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