Crónica sobre una familia que recicla.
Cuanto rechazo sociocultural cargan en su corazón
los seres humanos que a diario se rebuscan la vida en los montones de basura de
la Ciudad.
Esta
familia compuesta por don Edgar y doña Lucila junto a sus cinco hijos, desde
hace 25 años, todos los días a la 1 de la madrugada se levantan para recorren
la localidad de Engativa, en busca del cartón, el vidrio y el plástico; para
ganasen un salario de 12 mil pesos diariamente entre todos.
Esta
familia donde los esposos solo cuentan con segundo y cuarto de primaria
llegados del Tolima y sin ninguna posibilidad de un trabajo digno, deciden
entrar al mundo del rebusque y enseñar a
sus hijos a encontrar el dinero en las canecas y los montones de basura. Es la
única forma que se tiene para sobrevivir en la ciudad y tener cómo conseguir al
menos un alimento diario.
Su
trabajo comienza desde las 2 de la mañana en compañía de sus hijos hasta las 6 AM,
hora en que sus hijos entran al colegio,
pero los dos esposos continúan trabajando hasta las 2 de la tarde cuando ya
entregan sus producidos en la fábrica ubicada en Fontibon. Pero por qué ellos
madrugan tanto, muy sencillo son miles de familias las que viven del reciclaje
y para lograr conseguir algo deben de ser los primeros en llegar a los
botaderos.
Lo
minino que se consigue para el diario son nueve mil pesos y cuando esta bueno y
tienen suerte se hace 12 0 13 mil pesos.
Es lo que dicen ellos con cierto sin sabor de la vida.
Sus
dos hijos mayores; Luis ya tiene un trabajo mejor es conductor de una buseta y
su hija Marian es empleada en una casa de familia y los otros tres más pequeños aun trabajan
con ellos; pero por qué los dos mayores no estudiaron hasta alcanzar un nivel
de educación que les permitiese ser mejores laboralmente, pues la burla y el
rechazo de los compañeros del colegio, cuando ellos llegaban al colegio les
decían puercos ustedes osan las basuras, no se bañan, son arrastrados; esos comentarios
hicieron que ellos abandonaran sus estudios. Es lo que dice don Edgar con tristeza y dolor ya que
esto es lo que están viviendo sus tres hijos pequeños que se encuentran
estudiando, pues él dice que los rechazan todo el tiempo por trabajar con ellos
en el reciclaje, incluso los mismos profesores siente fastidio de ellos, dice
los niños.
Por
su parte doña Lucila dice que están haciendo de sus hijos unos seres
agresivos y resentidos con el resto de
la sociedad y a ser apáticos con las personas que se acercan a ellos. Ellos se defienden de los insultos de sus compañeros,
dicen sus padres con lágrimas en sus ojos.
Estoy
convencida que cada ser humano es un constructor de un mundo mejor donde todos
seamos iguales socialmente sin importar la condición socio-económica u el oficio al cual nos dediquemos, solo así
se acabara o por lo menos disminuirá la violencia y la descomposición
social que cada día vivimos en nuestro
entorno.
Esta
es la situación que viven cientos de personas que se dedican al rebusque en las
calles de nuestra capital colombiana, en medio de una sociedad que cada día
margina y excluye más al otro del entorno social y cultural, generándole
maltrato no solo social sino psicológico y creando personas resentidas con la
sociedad como ya lo decía doña Lucila.
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