miércoles, 7 de noviembre de 2012

PRODUCTOS PERIODÍSTICOS: NUBIA GARCIA


Buenas noches compañeras acerca del documento anexo por el tutor: "La Otra Cara de la Economía China" considero que muestra de una manera escueta, clara y podría decir que con cierto tono de amarillismo, una realidad de la actual economía del mundo oriental, ya que aquellos tiempos en que se hablaba de Estados Unidos como potencia mundial en todos los aspectos ya no lo es mas.
Desafortunadamente el ocupar o adquirir este no tan honorable titulo le ha costado a China el sacrificar a una gran parte de su población en donde gran parte de personas que la conforman son pequeños que se ven en la necesidad de dejar su papel de niños para ocupar el de adultos y no conformes con esto el papel de seres humanos explotados y maltratados.
Considero que este documento encierra un sinnúmero de aspectos que van desde lo meramente económico hasta los social, ético y porque no decirlo moral, porque para tristeza de todos, aquella frase que "el fin justifica los medios" ha sido adoptada por aquellos que nos olvidamos de lo verdaderamente importante y nos centramos en tener cada día mas aún a costa de quienes nos rodean.
Ahora bien, sin vemos con detenimiento la Crónica "Un Ángel en Queens", podemos analizar que de alguna forma es la otra cara de la moneda, ya que se trata de un hombre, un colombiano, del común, un hombre de a pie, como muchos de nosotros, el cual sin tener mayores pretensiones y con la poca ayuda que ha logrado encontrar, cumple una función muy valiosa, mediante la cual logra ofrecer no solo un plato de comida, porque es algo que definitivamente trasciende, que va mas allá; porque le ofrece a cada una de las personas una preocupación menos, un respiro y una oportunidad de vida.
En cuanto a lo solicitado por el Tutor sobre las preguntas del Sistema WH, considero que mis compañeras las han identificado ampliamente.

Soy estudiante de Psicología y debo confesarles que tomar este curso me pareció muy interesante porque me permitió descubrir una aspectos del periodismo que no conocía, me dio una visión mas amplia de lo que significa ser periodista no solo en Colombia sino en cualquier lugar del mundo ya que la responsabilidad que se adquiere al ejercer esta profesión es muy grande.
Al realizar la crónica, también pude darme cuenta que es muy bonito poder trasmitir o contar las historias de vida de otras personas y que mediante esta experiencia se ofrece la posibilidad de dar puntos de vista que ofrezcan alternativas de vida para aquellos que puedan estar pensando que no hay mas camino para seguir, estos para mi son los aciertos que tuve en la elaboración de la crónica, y entre los desaciertos están que tal vez la redacción no haya sido la mas adecuada pero en ese aspecto quedo a la espera de sus comentarios.
Como conclusión personal compañeras y tutor fue una experiencia enriquecedora en todos los sentidos.
Un Abrazo






CRONICA POR: FLOR ALBA CARDENAS





Crónica sobre una familia que recicla.



Cuanto rechazo sociocultural cargan en su corazón los seres humanos que a diario se rebuscan la vida en los montones de basura de la Ciudad.

Esta familia compuesta por don Edgar y doña Lucila junto a sus cinco hijos, desde hace 25 años, todos los días a la 1 de la madrugada se levantan para recorren la localidad de Engativa, en busca del cartón, el vidrio y el plástico; para ganasen un salario de 12 mil pesos diariamente entre todos.
Esta familia donde los esposos solo cuentan con segundo y cuarto de primaria llegados del Tolima y sin ninguna posibilidad de un trabajo digno, deciden entrar al mundo del rebusque  y enseñar a sus hijos a encontrar el dinero en las canecas y los montones de basura. Es la única forma que se tiene para sobrevivir en la ciudad y tener cómo conseguir al menos un alimento diario.
Su trabajo comienza desde las 2 de la mañana en compañía de sus hijos hasta las 6 AM, hora en  que sus hijos entran al colegio, pero los dos esposos continúan trabajando hasta las 2 de la tarde cuando ya entregan sus producidos en la fábrica ubicada en Fontibon. Pero por qué ellos madrugan tanto, muy sencillo son miles de familias las que viven del reciclaje y para lograr conseguir algo deben de ser los primeros en llegar a los botaderos.
Lo minino que se consigue para el diario son nueve mil pesos y cuando esta bueno y tienen  suerte se hace 12 0 13 mil pesos. Es lo que dicen ellos con cierto sin sabor de la vida.   
Sus dos hijos mayores; Luis ya tiene un trabajo mejor es conductor de una buseta y su hija Marian es empleada en una casa de familia  y los otros tres más pequeños aun trabajan con ellos; pero por qué los dos mayores no estudiaron hasta alcanzar un nivel de educación que les permitiese ser mejores laboralmente, pues la burla y el rechazo de los compañeros del colegio, cuando ellos llegaban al colegio les decían puercos ustedes osan las basuras, no se bañan, son arrastrados; esos comentarios hicieron que ellos abandonaran sus estudios. Es lo que  dice don Edgar con tristeza y dolor ya que esto es lo que están viviendo sus tres hijos pequeños que se encuentran estudiando, pues él dice que los rechazan todo el tiempo por trabajar con ellos en el reciclaje, incluso los mismos profesores siente fastidio de ellos, dice los niños.
Por su parte doña Lucila dice que están haciendo de sus hijos unos seres agresivos  y resentidos con el resto de la sociedad y a ser apáticos con las personas que se acercan a ellos.  Ellos se defienden de los insultos de sus compañeros, dicen sus padres con lágrimas en sus ojos.
Estoy convencida que cada ser humano es un constructor de un mundo mejor donde todos seamos iguales socialmente sin importar la condición socio-económica  u el oficio al cual nos dediquemos, solo así se acabara o por lo menos disminuirá la violencia y la descomposición social  que cada día vivimos en nuestro entorno. 
Esta es la situación que viven cientos de personas que se dedican al rebusque en las calles de nuestra capital colombiana, en medio de una sociedad que cada día margina y excluye más al otro del entorno social y cultural, generándole maltrato no solo social sino psicológico y creando personas resentidas con la sociedad como ya lo decía doña Lucila.  
     

CRONICA POR:NUBIA GARCIA SANCHEZ


SOÑAR PARA LUCHAR O LUCHAR PARA SOÑAR

A principios de los años 80 Anamaría  Puentes, tuvo que salir que su natal  Tolima, empujada casi a golpes por la violencia que invadía cada uno de los espacios  en donde  trato de vivir hasta los 15 años de edad.
Con un pequeño morral como equipaje, mismo que hasta días atrás utilizaba para llevar dos cuadernos viejos y un trozo de lápiz al colegio del pueblo en donde tenía la firme convicción de  aprender todo aquello que le permitiera por fin dar un vuelco total a su vida y a  la de sus padres, salió una tarde calurosa  pero fría a la vez, era un frío de soledad, de miedo, de nostalgia e incertidumbre por no saber lo que le esperaba, peor aún por no saber donde ni quien la esperaba.
La decisión de dejar a su familia no nació solo  de ella sino también así de sus padres quienes ante la impotencia de librarla de las garras de violencia prefirieron darle alas y enseñarla a volar, querían que su vuelo fuera tan alto que la llevara a cumplir sus sueños infantiles y sus aspiraciones de mujer.
A su llegada a la Capital Anamaría tuvo que enfrentarse al mundo pero ahora con otro tipo de violencia, la discriminación y el abuso, violencia que por ser más común, no deja de ser violencia, la que vivimos cada día, algunos al interior de sus propios hogares, otros en sus colegios o sus lugares de trabajo, en fin empezó una nueva batalla, pero esta vez sin más armas que su propio deseo de surgir, con la ayuda de unos vecinos de su pueblo quienes habían emprendido meses atrás la misma huida suya, Anamaría llegó a vivir con ellos en una pequeña habitación donde compartir un pequeño espacio de colchón con dos de los cuatro hijos de la pareja, esa era la más grande y la única ayuda que podía recibir ya que ellos tenían su propia lucha.
Empezó trabajando en una plaza de mercado en donde era explotada con  arduas  jornadas laborales a cambio de un plato de comida y unas pocas monedas. Guiada por su espíritu luchador y guerrero decidió casi de inmediato buscar opciones que le permitieran continuar sus estudios, para de esta manera no darse la posibilidad alguna de dejar de soñar,  fue entonces cuando se inscribió en la escuela nocturna, un lugar  en donde encontró no solo conocimiento, sino también grandes amigos, su carácter fuerte pero dulce a la vez le permitió la posibilidad de darse a conocer con sus maestros quienes al conocerla un poco más a fondo encontraron en ella un gran potencial digno de ser “explotado”, para su beneficio personal. 
Con mucha más seguridad en sí misma Anamaría decide entonces aceptar la oferta de la directora de la Institución Educativa: trabajar con ellos aseando el colegio durante el día y continuar sus estudios durante la noche. Esta la oportunidad perfecta para estar más cerca de cumplir sus sueños.
 Para este entonces Anamaría ya era una mujer que había cumplido su mayoría de edad y estaba a pocos pasos de terminar sus estudios secundarios, así, y con la influencia positiva de su entorno, empezó a acariciar la posibilidad de capacitarse para llegar a ser una gran profesional. 
Entre el trabajo y sus estudios la vida diaria de Anamaría  era muy pesada, trabaja fuerte durante el día, y la noche no era diferente ya que sus metas eran tan claras que siempre se destacaba por sus buenos resultados, con la ayuda de sus profesores se postulo para iniciar sus estudios profesionales, subsidiados por el gobierno,  de esta forma obtuvo el cupo en la Universidad Nacional de Colombia, en donde estudio Medicina, en la actualidad es una destacada profesional en su área y  con la ayuda de una importante ONG, creó una fundación de ayuda para personas en condición de desplazamiento, mediante la cual ofrece la oportunidad a personas que como ella en algún momento necesito una mano que la ayudara a cumplir sus sueños.
 La  esencia de Anamaría no ha cambiado para nada,  a pesar de los grandes logros obtenidos, continua siendo la misma niña soñadora, y las alas que sus padres tejieron para ella, son cada vez más fuertes y ágiles  funcionan a la perfección, justo a la medida que ella ha necesitado.



CRÓNICA POR:FANNY ALEXANDRA DELGADO VALERO


CRÓNICA SOBRE OJITOS


Cuántas cosas esconden las personas que trabajan en la calle, cómo es su vida, su “horario de trabajo” y sobre todo, que sienten cuando trabajan, cuando hay una moneda o cuando no. Ésta es la suerte de los que no han sido escuchados aún.
 
Más conocido como “Ojitos”, este pequeño se levanta muy temprano y alista todos sus útiles. Baja hacia la séptima y camina muchas cuadras hacia el norte, y en la calle 72 frente a un CAI, deja todos sus útiles de trabajo, cierra los ojos, ora y le pide a Dios que le vaya bien, pues no quiere quedarse sin un peso esta noche.

Sin saber matemáticas, pues no recibió educación alguna, sabe que tiene menos de un minuto (lo que dura el semáforo de la 72 de rojo a verde) para lavar los vidrios de los carros que pasan por esa calle. A él no le gusta mendigar, pues pedir limosna, “es como robar, pero decentemente” tal como afirma él.
 
El agua la tiene que sacar de una manguera donde riegan las plantas que adornan la Av. Chile, e inmediatamente la vierte en el balde que le tiene que durar hasta la noche.
Es la primera vez que veo una persona, más aún, un niño que trabaja de 8:00 AM a 8:00 PM casi sin descanso, siempre solo, sin tener ni siquiera 15 minutos para almorzar, y con qué plata, si la gente lo desprecia.
 
La esperanza de este niño se enciende como el semáforo que ahora está en rojo, pero le dura tan poco, como el tiempo que dura el semáforo cuando está en verde. En pocos minutos, empieza a limpiar los vidrios de los carros, muchas veces le pitan o le echan el carro atrás para que no lo limpie, le suben la ventana y los conductores le miran su tristeza y su agonía al rogarle que le dé una moneda para que pueda comer por la noche. A cada rato, Ojitos se planta firmemente en la ventana del conductor y sin murmurar palabra, no alcanza a decir ni siquiera “por favor”, y los conductores lo niegan, lo ignoran; por eso, a veces toca lanzarse al limpia brisas de adelante, a veces al de atrás para que a los conductores les toque dar aunque sea una simple moneda. Me pongo a pensar si Ojitos serviría para ser psicólogo.
 
Su tristeza queda por siempre impregnada en la ventana del conductor que a veces no tiene la conciencia de los niños de la calle, no tiene noción de lo que le sucede a Ojitos; entonces el pequeño se resigna, le agradece y con las manos vacías intenta con otro carro.
La suerte es la que gobierna ahora y el “no” abunda en las respuestas. Otro turno en el que no gana nada, otro turno en el que se irán las manos negras de trabajo, mientras los carros Mercedes, BMW y Volkswagen arrancan directo a Rosales, uno de los barrios más “play” de la capital, o simplemente siguen la trayectoria por la séptima.
 
Y a la típica escena de película, empieza a hacer bastante frío, y aunque el pequeño limpia vidrios tirita por la noche helada, no es excusa para que huya de su misión y persiste en trabajar; espera que nuevamente el semáforo cambie a rojo para seguir trabajando, un nuevo trabajo, una nueva esperanza, y esta vez, muchos carros. De nuevo el balde, el limpia vidrios y su sonrisa. De nuevo la negación, el vidrio, los carros y la tristeza.
 
Ya se acerca la noche, y “Ojitos” solo recibió $500 pesos, seguramente es muy poco para los lectores de esta crónica, pero quinientos pesos le sirve para un Chocoramo o unas papas de paquete.
 
Han pasado dos días y Ojitos no aparece en la calle, pareciera que se hubiera tomado el día libre, quizás hoy no venga a trabajar; en cambio, sus “compañeros de oficina” se esfuerzan por ganar más, aprovechando que él no viene, o quizás le ayuden cuando regrese, pero en este mundo, donde escasea la plata, donde cuesta trabajo, donde cada colombiano empieza a quedarse sin empleo; hay que dudar que las monedas que consigan niños de su misma edad, incluso mayores y menores que él, se la puedan dar. Muchos necesitan el trabajo para mantener a la familia. Para sobrevivir en este mundo complicado e incluso para evitar caer en la pena de pasar hambre.
 
Después de estar ausente esos días, sucio y más cansado que nunca, “Ojitos” llega a su lugar de trabajo y repite la misma situación, pero él ya está acostumbrado – según él – pero no están acostumbrados sus ojos, su fuerza. El trabajo lo va desgastando poco a poco, menos horas de sueño, menos comida, más trabajo, más horas, más noches.
 
Al haberle preguntado el porqué de su ausencia los días anteriores dio una respuesta cómica. Es increíble que un niño como él tenga suficiente humor y creatividad para momentos tan difíciles como el que atraviesa casi a diario: “es que quise tomarme unas cortas vacaciones” – me dice mientras abandona en el suelo sus útiles. Definitivamente una respuesta agridulce, pero así es él, un niño de apenas 12 años y con un enorme sentido del humor, que pone a pensar, cómo tanto trabajo nos pone a veces de muy mal humor.

Así puede ser la situación de varios niños que trabajan en diferentes calles capitalinas, unos pueden sufrir más que Ojitos, otros menos que él. Así es la vida de los hombres que nunca los oyen hablar, de los que no tienen como hacerlo ni como expresarse en una sociedad que en su gran mayoría, le importa menos el otro, ya sea por cualquier motivo válido o no válido. Así viven lo que jamás son escuchados, los que gracias a un poca cantidad de bogotanos son auxiliados; pero muchos no nos damos cuenta de su sufrimiento, de la realidad que viven aquellos seres, una realidad que puede ser muy distinta a la nuestra.
Y si así son los “niños de la calle”, los limpia vidrios  ¿Cómo será la realidad de los desplazados, los pordioseros, los indigentes, los “desechables” y los necesitados?.